Si definiésemos al cine como una conjunción artística de imágenes, diálogos y música, habría que admitir que Le Mépris, de Jean-Luc Godard probablemente sea una de las películas más bellas que jamás se hayan filmado.

En esta obra emblemática de la Nouvelle Vague Godard reflexiona en torno a las posiciones contrapuestas entre el hombre y la mujer frente al ideal del amor, y sobre la propia industria del cine moderno.

Godard invierte el orden de proceso con final feliz de las películas de la época. Empieza con una secuencia de enorme felicidad donde Camille (Brigitte Bardot) aparece entregada y completamente enamorada con Paul (Michel Piccoli) La película nos narrará el viaje desde la desnudez del principio a la progresiva opacidad de Camille de la que no llegaremos a saber qué es lo que realmente está pasando por su interior hasta acabar en un abierto desprecio que es el que da el título a la película.

El conjunto visual, mezcla de componentes modernos con otros arcaicos (mitológicos, como las estatuas de los dioses griegos) y con un extraordinario uso del color, desprende armonía y absoluta belleza.

Un deleite envuelto por una de las composiciones musicales para cine más hermosas de todos los tiempos, obra de Georges Delerue.

Una Brigitte Bardot con su característico ‘coiffé décoiffé ou la choucroute‘ creado para ella por Jacques Dessange enfundada en looks de la época, con faldas por debajo de la rodilla, de corte recto o con vuelo y la cintura marcada. Camisetas ceñidas, cardigans y zapatos con tacón kitten. Y un libro como único atuendo para tomar el sol en la cubierta de la casa Malaparte.

Tan chic como siempre, muy Camille, muy Bardot.