Su belleza es indiscutible. Pero eso por sí solo no es sinónimo de elegancia y saboir faire. Por eso Natalia es diferente, su belleza está delicadamente acompañada por un estilo propio elegante y tan dulce y delicado como su belleza.  Algo que Antoine Arnault, su pareja, define perfectamente «tiene algo indefinible; hay un aura a su alrededor«

De procedencia humilde, de pequeña ayudaba a su madre vendiendo fruta en un mercado de su localidad y cuidaba de sus dos hermanas pequeñas. A los 15 años se apuntó en una agencia de modelos local y el resto vino rodado. De Rusia a Paris donde su carrera como modelo despega de la mano de los más afamados diseñadores y su rostro es portada de las más prestigiosas publicaciones. Su ascenso fue tan vertiginoso que le valió su apodo de Supernova. Pero ella nunca olvida su niñez en una gris ciudad soviética en la que sobrevivir era el único objetivo. Por ello, y sobre todo por su experiencia con su hermana Oxana, con parálisis cerebral y autismo, crea la Naked Heart Foundation con el objetivo de crear parques infantiles en su Rusia natal, muchos de ellos diseñados especialmente para niños en la misma situción que su hermana. Su fundación a día de hoy subvenciona centros especializados para niños con discapacidades y ayuda a las familias de esos niños.

Natalia es tan bella, o más, por dentro como por fuera. Lejos de la belleza vacía que muchas modelos proyectan la suya es una belleza delicada, frágil y con un cierto aire melancólico. En sus ojos aun se puede ver algo de la niña rusa que luchó para que su hermana tuviese la mejor infancia posible. Su elegancia innata y gusto exquisito hacen que todo lo que se ponga adquiera un halo de elegancia atemporal que solo ella puede dar. Tremendamente femenina, adora las faldas midi  y los vestidos, que luce como nadie con abrigos y accesorios vintage que dan un aire delicado y especial a sus looks, mezclando como nadie lo clásico y lo bohemio. Estilo natural en estado puro.